Valor…

Hoy que me encuentro especialmente reflexiva y, tirando de carrete, recuerdo que siempre he sido bastante activa, o como me dice mi madre algunas veces “un culo inquieto”.

Me recuerdo a mí misma como una niña todo terreno, jugaba al baseball (con una pelota de papel recubierta de celo), hacia patinaje, equitación, jugaba al rescate, al bulldog, a la peonza, a las canicas…. todo lo que supusiera un reto y cierto grado de competición, recuerdo las elocuentes palabras de mi padre cuando decía frases del tipo.: —si no vas a dar lo mejor de ti misma y a esforzarte… no lo hagas—, esa exigencia en ocasiones te hace ser bastante arrogante, y en cierto modo tener expectativas, metas con exigencias muy altas…
Si juegas bien, ganas… Es “lógico” y una perfecta ley de causa y efecto; pero esas frases y enseñanzas (que adoptas como un dogma inquebrantable), esa “lógica causal” no te preparan demasiado bien para la edad adulta.

La vida no siempre es justa; a veces el fracaso es recompensado y el competitividad puede considerarse una enfermedad. Pero si hay algo claro y es que, al menos en mi época… no te prepara para tolerar el fracaso y la frustración o para saber renunciar a algo cuando ya no te gusta, o no te satisface lo suficiente, y por supuesto no te explica que el valor adopta muchas formas y que no solo está ligado a ser el que más iniciativa tiene o ser el “echado para adelante”.

Pensando en el valor, y en su sentido a día de hoy no se donde se encuentra; es decir… no existe un mapa o una región exacta donde se albergue (esto no es, o eso creo como la neurociencia y él área de broca o bernique que es responsable del habla y del entendimiento) no obstante y siguiendo el camino de las emociones; a veces uno sigue sus convicciones y su ira; otras veces lo aparca junto a su miedo.

El valor no tiene favoritos ni toma posiciones, puede ser algo tan impresionante como la sensación de ver la tierra a tus pies cuando haces caída libre o tan sencillo como un beso.

La línea entre el coraje y la estupidez es muy fina, pero y aunque nos cueste lo mejor es mostrar tu debilidad y pedir ayuda pues en nuestros peores momentos, pedir ayuda es lo único que te queda. Nos guste o no, el hombre por naturaleza depende de sus congéneres, de sus iguales; nos llamamos exploradores, independientes, valerosos… pero ¿que somos sin el apoyo de nuestros hermanos?, ¿hasta donde podríamos llegar si intentásemos hacerlo todo solos? Nos apoyamos los unos en los otros y buscamos consuelo donde podemos.

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MIRANDO A LAS ESTRELLAS  

Cuando era pequeña, algunas veces cuando estaba en el pueblo y  sentía que estaba lejos de casa, apartada del bullicio y de las luces, alejada de los ruidos, y de la gente, cuando me sentía sola y “en paz” recuerdo que me gustaba (y me sigue gustando) tumbarme de espaldas y mirar a las estrellas, la luna, recuerdo que me preguntaba qué había ahí arriba, me sentía pequeña, casi insignificante entre tanta belleza, entre tantos destellos de luz…

Mi imaginación volaba imaginaba visualizaba extraterrestres y otros mundos, a veces veía personitas verdes con orejas puntiagudas y me preguntaba si estábamos solos entre tanto espacio y, si tal vez  había en otro lugar otras personas que al igual que yo también miraba al cielo.

Aún tengo esa sensación a veces, esa sensación que es una mezcla entre escalofrío y vértigo…cuando reflexiono y tomó conciencia de que solo soy una diminuta parte de un todo que es infinitamente mas grande que yo y, que había muchísimas preguntas para las cuales no tendré jamás  respuesta ni la mas mínima idea.

Me cuesta trabajo creer que no exista una persona que no se sienta sobrecogido por el cielo.

Creo que en el fondo todos somos niños tirados en el césped, mirando a las estrellas y preguntándonos donde encajamos y, cuál es nuestro lugar en el mundo… No buscamos respuesta para rebajar la importancia de la naturaleza, las buscamos para saber cómo vivir la vida y como “encajar” en este alocado y sórdido mundo; buscamos respuestas para de alguna manera poder entendernos un poco más a nosotros mismos y a nuestros semejantes.

El amor mueve el sol y las demás estrellas…

Dante en su espectacular libro la divina comedia decía ” le amor mueve el sol y las demás estrellas”…

Cada vez que recuerdo esa frase no puedo evitar pensar en ti, en nosotros…en lo que paso, lo que es y que podría haber llegado a ser… Solo una palabra se me ocurre para todo INCREÍBLE.

Tumbada en mi cama que ahora se me hace infinita y fría recuerdo cuando nuestras piernas se entrelazaban, cuando acomodaba mi cabeza sobre tu brazo y me pegaba completamente a ti; cuando inhalaba tu olor, dulce y embriagador… cuando un murmuro en forma de música inundaba mi cuarto, pero el palpitar de tu corazón era la mejor melodía que podría tener y la que me acunaba hasta quedarme dormida; recuerdo la electricidad que surgía cuando nuestros cuerpos se aproximaban, como esa corriente crecía y como no puedia evitar pensar con claridad cuando estabas cerca, como sentía la necesidad de sentir y vivir cada segundo como si fuera el ultimo; pero ¿sabes lo mejor?… Que pienso que si volviéramos a vernos…todo sería exactamente igual.
Adoro la sensación de que mi mente viva, rápida e hiperactiva se quedara en blanco con tu presencia, me gusta sentirme así y me por supuesto me gustaba hacerte sentir.

Aunque ahora no lo digamos incluso, a pesar de que lo neguemos, sabemos que somos demasiado racionales para admitir que juntos somos más fuertes pero que a la vez nos sentimos de pequeños y vulnerables por haber entregado el poder al otro.

Pensando en las emociones y los sentimientos recuerdo cuando hablábamos entre besos, abrazos, entre risas y arrumacos y analizábamos las pautas de la gente; recuerdo cuando llegamos un día a la conclusión de que mucha gente cree que el amor es para dos personas que odian la soledad o pero aun, que no saben estar solas; como en algunos casos la gente se enamora de la idea del amor…pero no es nuestro caso, sabes tan bien como yo, que somos almas “viejas”, que disfrutan de los momentos de auto reflexión y aunque nos guste amar y, por su puesto la sensación que se experimenta (el furor, la adrenalina, toda la bomba de química cerebral que recorre el cuerpo en la primera etapa), nuestra inteligencia sabe que el amor es mas que eso, el amor de verdad viene después de esa pompa, de los unicornios y los arcoiris, después de las flores y los bombones…

El amor de verdad viene con el día a día, con las ganas que no caducan de que seas la ultima persona que vea en la noche y la primera cada mañana.

El amor de verdad, el que es sano, el altruista e imperecedero, el amor que todo lo puede y que espera en forma de templanza, ese a amor que resulta misterioso y ajeno a toda lógica, a toda razón…es el que vivimos cuando nuestras miradas se conectaron y nuestras almas se reencontraron…

Puntos de inflexión 


En una película un personaje dijo una frase que me hizo mucha gracias y que suelo utilizar cuando la ocasión lo merece y es: Solo hay dos cosas inexorables; la muerte y hacienda.

Todos vamos a morir y poco o nada podemos hacer en el como y el cuando, pero sobre lo que si tenemos cierto grado de control es sobre como ha de ser nuestra vida y como queremos pasar el tiempo en la tierra.

¿Sabes quien eres?

¿Esta es la vida que deseas?

¿Lo que hago, me satisface de verdad?

¿La calidad con la que hago mis tareas, es la maxima que puedo ofrecer?. Son tantas las preguntas y por ende multiples las respuestas.

En diversos momentos de muestra vida, existe un punto de inflexión, que te obliga a replantearte cuestiones y principios que hasta entonces permanecian ferreos e inamomobibles dando setido y cohererencia a la forma en la cual te enfrentabas a tu dia a dia. En esos momentos clave, evaluas todo lo que creias saber y en algunos casos generas hipotesis con la intencion de mejorar y evolucionar.

Es de sobra conocido que cualquier acción, tiene una reaccion opuesta, las decisiones que podemos tomar despues de esos momentos claves, a veces dan mucho miedo. Pero antes o después debemos decidir; en ocasiones saldrá bien y otras puede que salga mal o muy mal. Lo cierto es que las decisiones acertadas o desafortunadas, parece exactamente las mismas cuando las tomas. Es solo al mirar atrás cuando puedes valorar la naturaleza de esa decisión, y si lo hiciste bien o no.

Creo sincerame te que lo realmente complicado es vivir con aquello de lo que no estamos completamente satisfechos, es normal que hagamos cosas de las cuales no estamos orgullosos, pero es normal, ya que, no somos prefectos; aprender a vivir con las consecuencias de nuestros actos es lo complicado ya a veces esas consecuencias tornan a remordimientos y con ello llega una marea de culpa, la pregunta lógica es: ¿como vivir con ellos?¿como levantarse cada mañana sabiendo que podrías haberlo hecho mejor o de otra forma? , cuando nuestras decisiones afectan a otros, ¿puede una disculpa cerrar las heridas emocionales causadas?, ¿paliará el dolor que hemos generado?…

La espera tras tus acciones, es una agonía, tomas una decisión, haces algo y….después el mundo ha de girar; llegan las consecuencias y cómo es lógico, no depende de ti, asi que inicias un diálogo interno que te desespera aun más… ¿lo que hice, estuvo bien?, ¿que pasará ahora?,¿cambiará algo?…el tiempo pasa, y cuándo no obtienes respuesta a las preguntas que te has formulado, te quemas, quieres saber si el cambio sera para bien o para mal. Necesitas en cada fibra de tu ser, definir si esa decisión dara paso a un final y cierre de capítulo o a un crecimiento y evolución personal.

La evolución, forma parte activa de la vida del ser humano, en ese proceso dejamos continuamente momentos y personas atrás. Cuando ya no necesitamos algo, lo descartamos y lo dejamos ir. La pregunta que me hago ahora mismo es, ¿por qué te sientes tan bien cuando te desaces de algo? Dicho de otro modo, ¿por qué te sientes mejor cuando te quitas un peso de encima?. Creo que deberiamos recordar mas amenudo, que en realidas necesitamos muy poco para sobrevivir, y que eso demuestra, que somos mas fuertes de lo que en realidad creemos. Todos deberíamos quedarnos solo con lo necesario, con aquello que nos nutra y nos aporte, no por solo por supervivencia, si no para mejorar y crecer cada vez más.

El fracaso es inevitable, pero a pesar de el y del daño que puedas causar, hasde seguir adelante, perseguir tus sueños y aspiraciones a pesar del dolor, los huesos rotos y los inevitables y nada deseables daños colaterales. No cedas, ni te riendas… La vida con sus vaivenes siempre, siempre… MERECE LA PENA.